Saliendo por la Plaza de Tetuán, vemos un edificio llamado Real Convento de Santo Domingo y Capilla de San Vicente. Y enfrente mismo del Convento está el palacio de Cervelló.

Pero ahora veamos el convento.

Declarado el 3 de junio de 1931 Monumento Histórico Artístico Nacional

La primera piedra de este antiguo Convento llamado de Predicadores fue colocada por el propio rey Jaime I el 11 de abril de 1239, siendo una fundación de Miguel de Fabra (fraile dominico confesor del rey) construyéndose una pequeña iglesia en 1250 muy sencilla. Aunque no han llegado hasta nuestros días estas edificaciones, salvo el Claustro Mayor, datado en el siglo XIV, es hoy en día uno de los monumentos más importantes y también más desconocidos de la ciudad.

De su importancia cabe destacar que en este convento vivierón y fueron priores, San Vicente Ferrer (1357-1419) y San Luís Bertrán (1526-1581) (santos valencianos); que en su sala capitular se realizarón diversas Cortes del Reino y que ha sido desde antiguo lugar de enterramiento de personajes célebres de la ciudad. En el convento descansaban los restos de fray Miguel de Fabra, aunque ahora descansan en la Basílica de San Vicente Ferrer, actual Convento de Predicadores.

El lugar donde se construyó el convento después de la reconquista de la ciudad se encontraba extramuros de la ciudad, por lo que en 1276 el obispo de Valencia fray Andrés de Albalat construyó a sus expensas una ampliación de la muralla que abarcara este nuevo convento dominico.

El convento albergó entre sus muros, y esta es una nueva prueba de su importancia pasada, la Escuela de Gramática y Lógica (creada por el obispo Andrés de Albalat en 1259, la Cátedra de lenguas orientales (1281), la cátedra pública de Teología creada por el obispo Ramón Gastón en 1345 y la Iniciación de los estudios de hebreo en 1629, y que muchos de sus monjes que procedían de diversos lugares de España y aun del extranjero ejercían de intérpretes ante las embajadas de distintos países que llegaban al Reino de Valencia y aún a la España de los Austria y los Borbones.

Portada
                                       Portada

El conjunto del Real Convento de Santo Domingo, está formado en la actualidad por las siguientes unidades básicas:

CLAUSTRO MAYOR

SALA CAPITULAR

CAPILLA REAL

REFECTORIO O SALON DEL TRONO

CAPILLA DE SAN VICENTE

FACHADA DEL CONVENTO

 

Una de las más destacadas bellezas arquitectónicas que posee Valencia es el claustro mayor del antiguo Real Convento de Santo Domingo, tan ligado a la historia de Valencia desde la reconquista de la ciudad por el rey don Jaime I de Aragón.

El plano del padre Tosca, realizado en 1704, tan valioso para el estudio de la Valencia antigua, muestra claramente el área que ocupaba aquel importantísimo convento, con su iglesia y sus magníficos claustros. De los dos que tenia este cenobio, destaca ostensiblemente, con toda magnificencia, el llamado claustro mayor, donde el estilo ojival florido del siglo XIV resplandece con vigor en todos sus elementos decorativos.

El claustro gótico, iniciado a principios del siglo XIV, es cuadrado (34 metros por lado), tiene seis arcos apuntados en cada lado, menos en el del lado norte que tiene cinco: en el centro tiene un pequeño jardín, en cuyo centro existe un brocal de pozo de estilo gótico. El maestro Sala, cronista que fue del convento, advierte que en 1597 se hizo la cisterna, con soporte de hierro forjado, de donde pende la necesaria polea.

En su lado este presenta tracerías gótico-flamígeras, floridas y trilobuladas. Las galerías están cubiertas por bóvedas de crucería simple con nervios de piedra y plementos tabicados en ladrillo. Todas las alas tienen contrafuertes exteriores adosados a los muros interiores.

Sobre este claustro gótico del siglo XIV y XV, se levanta un segundo piso formado esta vez por numerosos arcos de medio punto dispuesto entre pilastras clásicas y rematado por una cornisa soportada por elaboradas ménsulas. Este segundo claustro es obra de Francisco Padilla del siglo XVII y realizado en ladrillo.

Las cuatro naves del espléndido claustro tuvieron instaladas buen número de capillas y altares, la mayoría erigidas por notorios caballeros valencianos, algunos de los cuales, con sus familiares, fueron enterrados en aquellos lugares. La única excepción es la nave norte que no dispone de capillas aunque sí hubieron enterramientos en el suelo y en sepulcros unidos a la pared.

El padre dominico José Teixidor escritor laborioso, que falleció en este convento en 1775, en su obra “Capillas y sepulturas de la iglesia y claustro del Convento de Predicadores de Valencia”, cita con detalle curiosidades históricas, especialmente de estas capillas, de las que destacaban principalmente las dedicadas a Nuestra Señora de la Leche y la de la Virgen de la Misericordia. A invocación de la primera “que es lo primer diumenge ans de Nadal”, concedió el papa aragonés Benedicto XIII, el famoso Papa Luna, indulgencia “per dos anys e dos quarentenes”, según bula de abril de 1406, expedida por el citado pontífice.

Claustro de Palmera
                          Claustro de Palmera

A destacar que en la Capilla de la Virgen de la Leche estuvo situado el retablo del mismo nombre obra de Antoni Peris que en la actualidad se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia.

Se dice que en la capilla de Nuestra Señora de la Leche predicó San Vicente Ferrer (1357-1419) en diversas ocasiones, el padre Teixidor cita que en el claustro grande, “lleno de lápidas y sepulcros”, estaban enterrados los hermanos del santo, Constanza Ferrer, esposa de Pedro Signes, notario, y Pedro Ferrer, mercader, fallecido en 1404.

En la capilla dedicada a la Virgen de la Misericordia, las Cortes Valencianas, convocadas por don Alfonso V de Aragón, el Magnánimo, se reunieron en el año 1428. Aquella fue también la capilla donde el oficio de veleros, o fabricantes de velos y tocas para las damas, gremio que tuvo importancia en Valencia, celebraba solemne fiesta anual a la Virgen de la Misericordia, su patrona.

En el ala OESTE sólo encontraremos los arcos tapiados de lo que fueron las capillas antes mencionadas, ya que las mismas fueron destruidas para construir la actual Capilla de San Vicente.

De las capillas que tuvo el monasterio en este lado oeste (la que queda enfrente de la Sala Capitular) citaremos: la Capilla de San Martín Obispo, la Capilla de San Onofre, propia del abad Santángel, la Capilla de San Luís Bertrán (también llamada de “Sant Vicent Ferrer lo Vell”), la Capilla de las Santas Catalinas – en ella se encontraban dos retablos dedicadas a Santa Catalina Mártir y a Santa Catalina de Siena-. La Capilla de la Presentación de Jesús al Templo, propiedad de micer Mateo Benet cuyo escudo se conserva en una de las enjutas de la capilla y finalmente la Capilla de la Oración en el Huerto.

En las claves de la bóveda encontramos: al Salvador, Cristo varón de Dolores, La Anunciación, Jesús en el pesebre, Santo Domingo y la Virgen y finalmente San Jorge.

En la panda SUR encontramos la Capilla de la Virgen de la Misericordia, la Capilla de San Miguel Arcángel, también llamada del Juicio Final y de las Almas del Purgatorio, que fue propiedad de la familia de los marqueses de Boil, la capilla de San Cristóbal, que antes recibió el nombre de Santa Bárbara y antes de Santo Tomás, la Capilla de la Virgen de la Leche, fundada por Juan Civera y que luego pasaría a la familia del marqués de Sotelo en 1796 y que como ya hemos dicho aquí predicaba San Vicente Ferrer, la Capilla de la Santa Cruz fundada por Nicolás Pujades y en cuyo interior se encontraba un retablo de la Santa Cruz obra del maestro Gil y Pujades y que en la actualidad se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Valencia; la Capilla de San Jerónimo construida en 1389 por el maestro Francesc Corts, y finalmente la Capilla del Nacimiento antes llamada de San Francisco de Padua.

En la nave ESTE del claustro es donde las racerías que adornan los arcos góticos están más elaborados y trabajados, en ellos podemos ver, nuevamente como símbolo de poder que tuvo este monasterio, los escudos nobiliarios de familias que favorecieron el lugar. Así encontramos escudos de armas de las familias de los Esplugues (flor de lis y torre), los Codinats (dos cabrias), los Castellví (castillo de tres torres) e incluso las armas de la Generalitat Valenciana.

Entre las capillas que encontramos en este lugar, estaban la Capilla de San Vicente Ferrer y San Jaime Apóstol; la Capilla de San Pedro y San Pablo; la Capilla de la Virgen de la Escala antes conocida como Capilla de Nuestra Señora de Monte Sión y finalmente en este lado encontramos también la Sala Capitular y en la esquina el edificio de la Sacristía Mayor que fue construida entre 1640 y 1641.

De la capilla de San Pedro y San Pablo cabe destacar que adopta la forma de una pequeña iglesia, ya que dispone de un pequeño ábside pentagonal.

La Sacristía Mayor que actualmente realiza funciones de pequeño museo de Galería de Capitanes Generales, se formó de la unión de de dos capillas: la Capilla de Todos los Santos y la Capilla de la Resurrección.

La panda NORTE hacia pared con la gran iglesia del convento, templo que sería arruinado durante la guerra de la independencia y posteriormente con la exclaustración de 1835, para finalmente ser demolida en su totalidad en 1865, a excepción del ultimo tramo de los pies que quedaría unida a la Capilla de San Vicente.

Esta ala del claustro no tenía por tanto capillas, pero sí diversos altares y retablos adosados al muro. Se considera que este lienzo es el más antiguo del claustro y sería de finales del siglo XIII, ya que servía de contrafuerte a la bóveda de la iglesia conventual.

Patio Claustral
                                     Patio Claustral

Una estancia que hay que comentar sin lugar a dudas es la conocida como Celda de San Vicente. A ella se accede a traves de una sala que recibe del nombre de “Sala de profundis” situada entre el refectorio y el claustro y que en la actualidad no tiene ningún interés ya que es sólo un lugar de paso hacia la sala que vamos a comentar.

En esta celda vivió San Vicente Ferrer entre 1378 y 1396. Se trataba de una sencilla celda donde vivía el santo mientras residía en el convento. Las peripecias de esta Sala han sido múltiples: en 1604 se creó la Cofradía de San Vicente Ferrer con el fin de encargarse del cuidado de la capilla, los diversos avatares bélicos y la desamortización de 1835 no fueron ajenos al destino de la celda y capilla, así varias veces fué expoliada o sencillamente utilizada como almacén de artículos militares. En 1887 se rehabilitó de nuevo como capilla y en 1916 se reestableció la Cofradía de San Vicente Ferrer. En la actualidad es una pequeña capilla cuyas paredes están chapadas de azulejos hasta mitad altura y una pequeña imagen del santo preside la estancia. Los azulejos de 22 x 22 cm. combinan figuraciones florales y vegetales con figuras antropomorfas de ángeles que van haciendo sonar instrumentos musicales o exhiben cartelas con diversas inscripciones. Las paredes laterales tienen 144 azulejos mientras que los frontales son 90 azulejos. Los paneles como es de imaginar no son originales de la celda y proceden del refectorio, la sacristía y de la antigua capilla de San Jaime.

Pero lo más notable de este claustro gótico es la famosa Sala Capitular, construida entre 1310 y 1320 (siglo XIV), donde se reunía la antigua comunidad religiosa.

¡El Salón de las Palmeras! Así se ha llamado desde antiguo a esta gallarda muestra de la elegante arquitectura gótica valenciana. Cuatro columnas altísimas y delgadas, como verdaderos troncos de palmeras, suben atrevidas hasta la bóveda y dibujan las aristas con el manojo de sus abiertas palmas. A esta sala se accede por una portada apuntada y dos ventanales también apuntados de igual altura y forma, con el mismo adorno que sus arcadas y un redondo y calado rosetón que se abre en lo alto del muro.

Es de planta cuadrada, de 12 metros de lado, realizada en sillería. Posee cuatro delgadas columnas centrales fasciculares y cuatro murales que sustentan la bóveda de crucería, formada por nueve paños complementarios de ladrillo. De cada columna central arrancan ocho nervios a modo de hojas de palmera como ya hemos dicho. Las claves se adornan con el emblema de la orden dominica: la cruz flordelisada.

La estancia se ilumina por tres alargados ventanales góticos en el testero de la sala y por dos ventanales también góticos que flanquean la portada de entrada a la sala.

En las paredes encontramos diversos blasones de la Corona de Aragón, de don Pedro de Boil (torre y buey) y de su esposa Altadona de la Scala (escalera de peldaños), así hasta un total de quince blasones.

Son obra de un arquitecto desconocido contratado por Pedro Boil (primer señor de Manises, Mestre Racional de Valencia, mayordomo del rey Jaime II de Aragón, tesorero y embajador ante la Santa Sede), quien costeó el Aula Capitular a sus expensas. Don Pedro Boil, fue aquel famoso “cavaller sense paor“, (caballero sin miedo) que defendió Valencia contra su homónimo el rey de Castilla; aquel señor de la más alta nobleza valenciana que había mandado a sus expensas edificar aquella magnifica aula capitular del Real Convento de Santo Domingo, y dispuso en su testamento, de 5 de marzo de 1321, que fuese enterrado en esta sala, ordenando, entre otras cosas, que se comprase un paño de oro, y después de cubrir su cuerpo, cuando lo llevasen a enterrar, sirviese de ornamento al altar de la propia sala capitular.

Pechinas Capilla de San Vicente
               Pechinas Capilla de San Vicente

Rodea todo el conjunto una bancada en piedra formado por dos alturas o escalones donde se sentaban los monjes en el capitulo. Huelga decir que en esta Sala se llegaron celebrar Cortes del Reino en distintas ocasiones. La bancada fue reconstruida entre 1950 y 1953 por el Capitán General Gustavo Urrutia.

En el doble sepulcro de alabastro que encontramos en esta sala, reposan sin embargo, los restos de Ramón Boil (biznieto) y de Ramón Boil Montagut (hijo del anterior). Ramón Boil es conocido porque tiene una calle dedicada en Valencia, como Gobernador Viejo, fué asesinado en 1407 por Juan Pertusa por un tema de faldas y es el que figura en la parte de abajo del sepulcro, mientras que su hijo reposa en la parte superior. El sepulcro de mediados del siglo XV fué esculpido a expensas de Berenguer Vives Boil, IV señor de Betera, y mide 4.18 metros x 1,65 metros.

Al sepulcro de los Boil, se le llama en tono irónico el del Juicio de Salomón porque cuando en 1865 se decidió quitarlo de su emplazamiento, hubieron discusiones entre el Museo Arqueológico Nacional y el Museo de Bellas Artes de Valencia, llegándose a la solución de dividirlo y dar la mitad a cada uno de ellos. En 1952 gracias al Capitán General Urrutia el sepulcro fue vuelto a unir de manera permanente y colocada en la Sala Capitular. El mismo sería restaurado por Carmelo Pastor.

El sepulcro, propiamente dicho, consta de urna cineraria, estatua inferior, friso inferior, estatua superior y friso superior; todo enmarcado por dos columnas cuadradas, prolongadas en aguja, que sostienen una archivolta exornada con hojas y semicírculos trilobados. Las columnas tienen cuatro espacios. el inferior, con un escudo; encima un guerrero con gramalla, capucha y espada; en el siguiente, un monje y, finalmente, una dama.  A todas las figuras, menos el escudo, las cubre una especie de dosel, y todas ellas aparecen apoyadas y están esculpidas a todo relieve.

La urna cineraria la vemos decorada con combinaciones de arcos y escudos de los Boil, así como dos torres y dos bueyes.

Las dos estatuas yacentes corresponden: la de arriba, caballero viejo, a don Ramón Boil III, señor de Bétera y virrey de Nápoles en el reinado de Alfonso V el Magnánimo; la inferior caballero joven corresponde a la del padre del anterior, don Ramón Boil II, señor de Bétera, llamado “Gobernador Viejo”, y destacado personaje de su época cuyo recuerdo todavía se evoca en una de las calles de la ciudad.

Los frisos historiados representan: el inferior, diecisiete figuras humanas en las que se hacen patentes las actitudes y gestos de dolor, que la maestría del artífice ha sabido reflejar con singular arte; el superior, en el que igualmente se representa una ceremonia fúnebre de carácter religioso, destaca la presencia de un prelado que está bendiciendo los restos mortales, y de nuevo vemos afirmarse en el tallado admirable de las figuras, en la expresión de los rostros, en el plegado de los paños y en la gracia de los ademanes, el buen hacer artístico de su desconocido autor.

En el suelo tres laudas sepulcrales:

En el centro los señores de Manises (correspondiente a la línea primogénita de los Boil); a la izquierda, los señores de Bétera con una inscripción en latín que dice: “A la memoria de la noble estirpe valenciana de los señores de Bétera“; y a la derecha, los señores del castillo de Boil con una inscripción que dice: “A la memoria de Pere Boil IV, señor del castillo de Boil, capitán general defensor de Valencia, caballer senspahor“.

A la Capilla Real se entra por una puerta formada por un arco moldurado existente en su bello y pequeño patio claustral que hay a la entrada de la iglesia. La capilla, obra del segundo tercio del siglo XV, es una de las joyas del tardogótico valenciano. Antoni Ponz (siglo XVIII) que era el que más sabia de arte en su época dijo: “Es toda de piedra picada, y aunque gótica (a Ponz le caía mal todo lo gótico), es la cosa más grandiosa y bien construida de todo este recinto”. El critico se refería al vasto monasterio de los dominicos, pero la frase era, y es, de aplicación a toda la ciudad.

Fue mandada construir por el rey Alfonso V el Magnánimo en el 1431 y terminada por su sucesor Juan II en el 1463. Su autor, sin género de dudas, fué Francesc Baldomar, autor también de las obras de las Torres de Quart.

Panda Este
                                  Panda Este

Desde el interior de la capilla de San Vicente se puede acceder a la Capilla Real a traves de una bella portada ojival de tres arcos que se eleva sobre dos escalones y que se cierra mediante una verja de hierro.

Se trata de una estancia de planta rectangular de 11 x 22 metros.  Carece de contrafuertes y pilastras ya que los muros de la estancia son de 2,50 metros de espesor. La techumbre de piedra, está formada por bóvedas de crucería y la forman tres tramos, uno de ellos formado por la cabecera en cuya parte trasera se sitúa la sacristía, a la que se penetra por una puerta de arco de medio punto moldurada dispuesta en esviaje respecto al muro. En esta estancia se encuentra una curiosa doble escalera de caracol uno de cullos tramos asciende al reservado eucarístico y el otro a la terraza. El hueco que forma la escalera es fácilmente visible desde el exterior de la calle, pues se trata de una pequeña torre octogonal cubierta por una pirámide de ocho lados. La sacristía se cubre con bóvedas de crucería simple.

La bóveda, carente de nervios, se apoya directamente en el muro sin ménsulas ni columnas o pilares que la sustenten. El peso recae directamente en los gruesos muros de la pared.

En el muro de la epístola un vano abierto en la pared da acceso a través de una pequeña escalera intramural al púlpito también en piedra que sobresale del muro.

Dos pequeñas estancias en cada uno de los muros de las paredes laterales guardan piezas de orfebrería y liturgia a modo de minúsculo museo. Estas dos pequeñas estancias se protegen mediante cristal.

Parece ser que estas estancias en realidad son los arcosolios que debían recibir los restos mortales del rey de Aragón, pues en el fondo esta capilla es una capilla funeraria, reforzada por el hecho que el lugar esté construido en piedra de color oscuro de Morvedre, actual Sagunto. La capilla fué construida con la intención de ser el lugar de enterramiento de los reyes de Aragón Alfonso V el Magnánimo y de su esposa Maria de Castilla, pero por cuestiones que no vienen al caso el rey prefirió ser enterrado en Nápoles y su esposa Maria de Castilla en el cercano Monasterio de la Trinidad. El caso es que ambos no se podían ni ver y que posteriormente los restos de Alfonso el Magnánimo fueron traídos al Monasterio de Poblet.

La sala se ilumina por seis ventanas ojivales, tres en cada uno de sus muros laterales y un rosetón en el muro de unión entre la Capilla de San Vicente y la Capilla de los Reyes.

En el testero hay un retablo en madera dorada formada por tres cuerpos realizado por José Esteve entre 1581 y 1588 en estilo renacentista. En el primer cuerpo en la calle central hay una imagen en piedra policromada de la Virgen de la Esperanza y dos pequeñas figuras arrodilladas que representan a los reyes Alfonso V el Magnánimo y Juan II (monarcas que dan nombre a la capilla). en el segundo cuerpo un altorrelieve representando La caída de San

Pablo camino de Damasco y en el tercer piso Cristo crucificado a quien acompaña San Juan y la Virgen María. En la parte de arriba dominando todo el conjunto está la imagen del Padre Eterno.

Las pinturas del retablo representan a Santo Domingo de Guzmán y a San Vicente Ferrer en el segundo cuerpo y a San Pedro y San Pablo en el primero. Las pinturas son obra de Isaac Hermes Vermey.

También en este lugar encontramos una sillería de madera de época renacentista.

Pero sin lugar a dudas lo que más destaca de esta Capilla es el sepulcro en mármol que ocupa el centro, es magnifico, sin comparación posible con ninguna otra capilla de los templos valencianos, donde los monumentos funerarios son harto escasos.

En 1535 la capilla fué entregada por el emperador Carlos I de España a doña Mencía de Mendoza, marquesa de Zenete para panteón familiar.

Los ocupantes del gran sepulcro, cuyas figuras aparecen esculpidas sobre él, son Don Rodrigo de Mendoza, al que tantos disgustos le dieron “els agermanats“, y su segunda esposa Doña Maria de Fonseca, Marqueses de Zenete, la obra se labró en el año 1554, como consta en una inscripción. La hija de los interesados, Doña Mencia, esposa del duque de Calabría y una de las mujeres más gruesas que han paseado en todo tiempo su humanidad por nuestra tierra, es quien costeó la marmórea tumba. Ella yace modestamente a los pies de la misma y se conformó con una simple lápida de alabastro.

Sobre la lápida una inscripción nos dice: A la princesa doña Maria Mendoza Zenete, hija de don Rodrigo Mendoza y doña Maria Fonseca su mujer, marqueses de Zenete; esposa de don Fernando de Aragón duque de Calabria, excelentísima y singular matrona enaltecida con las brillantes dotes del espíritu, ingenio, virtud, fortuna y nobleza, que vivió 45 años, 1 mes y 5 días y murió en 4 de enero de 1554.

Don Luís de Requesens, comendador mayor de Castilla, de la Orden de Santiago, su heredero, para que quedase un perpetuo monumento de su cordial gratitud e imperecedera memoria de los ilustres antepasados de la difunta, de su propio peculio hizo costear este sepulcro y las  estatuas en mármol de Paros. El sepulcro fué realizado en Génova según traza de G.Castelló, por los escultores Giovanni Carlone y Giovanni Orsolino

El sepulcro descansa sobre una alta base decorada por cuatro ángeles. Sobre la base, el doble sepulcro con las estatuas yacentes de ambos personajes. Él, don Rodrigo Díaz de Vivar y Hurtado de Mendoza, ella doña Maria de Fonseca (marqueses de Zenete). Él viste armadura y espada; el yelmo a los pies destaca sobre el conjunto, la dama tiene un libro de oraciones sobre el pecho, a sus pies un perro; símbolo de fidelidad. Las cabezas descansan sobre almohadones. En los laterales unas calaveras nos hablan de la muerte. Los atributos militares del sepulcro nos hablan de que él era un guerrero.

Sepulcro
                                         Sepulcro

En una cripta subterránea bajo el sepulcro yacen distintos personajes importantes, entre ellos el pintor Joan de Joanes traídos hasta aquí en 1850 de la desaparecida Iglesia de la Santa Cruz en Roteros. Hubo una época que se quiso convertir esta capilla en panteón de valencianos ilustres, pero hasta ahora el único ilustre es el pintor antes citado.

En otra época hubo en esta capilla dos tablas del Bosco, una de ellas el Triptico de la Pasión, pero ahora quien quiera verla ha de ir al Museo de Bellas Artes San Pío V. Conviene destacar la ausencia total en esta capilla de cualquier clase de decoración, lienzo o adorno que no sea la piedra desnuda y oscura como corresponde a una capilla funeraria.

Nota: Triptico de la Pasión, hacia 1510-1515. Óleo sobre tabla. Coronación de Espinas 139,5 x 169,8 cm. Prendimiento 150,5 x 82,2 cm., Flagelación 150,1 x 82,5 cm. Firmado “Jheronimus Bosch“. Ingresa en el Museo por la Desamortización del Convento de Santo Domingo de Valencia. Texto: Museo de Bellas Artes de Valencia.

Refectorio o Salón del Trono Situado en el ala sur del claustro mayor, fue construido entre 1560 y 1567 (siglo XVI) en estilo renacentista, siendo prior fray Pedro Salamanca. Hoy esta estancia es conocida como Salón del Trono, ya que en 1966 fué habilitada como Salón de Trono de Capitanía. Esta sala se utiliza para actos protocolarios como la entrega de medallas, nombramientos, ascensos y todos aquellos actos castrenses que precisan un cierto nivel.

Se trata de una estancia rectangular de 32 x 10 metros, cubierta con bóveda de crucería de arcos rebajados. En las claves de esta bóveda todavía podemos encontrar imágenes de personajes dominicos y de la Virgen del Rosario. La sala está construida en piedra de granito. Las paredes fueron chapadas hasta media altura con azulejos en el siglo XVIII, aunque parte de ellos han desaparecido. La plementeria de la bóveda es de ladrillo y se ilumina por una serie de ventanas situados en la fachada sur.

Aunque normalmente la iglesia recibe el nombre de Santo Domingo y como tal es conocida por los naturales, en realidad su nombre correcto debería ser y es Capilla de San Vicente, entre otras cosas porque a tal Santo está dedicada la advocación de la parroquia y porque eso era en realidad; una capilla, resto de lo que fue la gran iglesia conventual que fue destruida por avatares bélicos y desamortizadores en el siglo XIX como hemos comentado.

La primitiva iglesia que databa de la fundación del convento pronto quedó pequeña, por lo que en 1252 con autorización del obispo de Valencia fray Andrés Albalat, se comenzó la construcción de una nueva iglesia. Esta primera iglesia se situaría aproximadamente en el lugar donde hoy se encuentra la Capilla Real, al construirse la segunda iglesia junto a la primera, ésta quedaría como portería del convento. Sería en 1382 cuando por amenaza de ruina de la anterior iglesia, se construyó una tercera iglesia, de nave única, con capillas entre los contrafuertes, cabecera poligonal, tramos cuadrados y unida al lado norte del claustro. Seria demolida en 1865. Decir que sobre la primera iglesia, la que hacia de portería, se construirla en el siglo XV la actual Capilla de los Reyes.

En 1460 y de alguna manera para conmemorar la canonización de San Vicente Ferrer en 1455, se decide la construcción de una capilla dedicada al santo. Estaba formada por tres tramos rectangulares, cubierta con bóveda de cruceria, estilo gótico y obra de Francesc Baldomar y Nicolau Bonet. Entre 1772 y 1781 sería ampliada y reformada por Antonio Gilabert con diseños de José Puchol.

Como ya hemos citado en diversas ocasiones la iglesia conventual fue demolida, y de ella sólo quedó a salvo el último tramo de los pies que quedó unido a la Capilla de San Vicente, formando podríamos decir un nuevo templo. Este nuevo templo es el que ahora podemos observar y visitar.

La actual capilla de San Vicente, es de estilo neoclásico, tiene una sola nave con crucero, cúpula con tambor y linterna sobre pechinas. Las bóvedas son de medio punto con lunetos pintados al fresco y el cimborrio es cilíndrico. Tiene presbiterio de planta semicircular. Se decora la iglesia con columnas corintias, pilastras y zócalos todos ellos de mármol de distintos colores.

A los pies de la iglesia hay un órgano barroco construido entre 1765 y 1775, a cuyos pies se halla un apostolado de metal de moderna ejecución. En este lugar encontramos un lienzo realizado por Evaristo Muñoz en 1730 representando la Aparición de San Pedro y San Pablo a Santo Domingo.

En el Altar Mayor encontramos un sencillo retablo, la mesa del altar y cuatro grandes columnas de mármol con capiteles corintios dorados. En el centro del retablo talla dorada de San Vicente Ferrer, llamado Apóstol de Europa, Apóstol de la Paz y Ángel del Apocalipsis. El retablo tiene a ambos lados dos estatuas de bulto redondo que representan a la Religión y a la Castidad y sobre el frontón superior otras dos imágenes que representan a La Fé y la Esperanza. Por debajo del frontón podemos ver una escena en relieve del nacimiento de San Vicente.

La bóveda del presbiterio se halla pintada por José Vergara, y representa la Apoteosis Celestial de San Vicente Ferrer. En la imagen central San Vicente Ferrer y Santo Domingo ante la Trinidad. A su alrededor encontramos imágenes de papas, reyes, personajes representando los diversos continentes, cruces y ángeles entre otros personajes. A destacar una figura femenina que porta el escudo de la ciudad y que lógicamente representa a la Ciudad de Valencia.

A ambos lados del Altar Mayor, dos puertas, por una de ellas se puede acceder al claustro y por la otra a la sacristía. Se decoran con dos altorelieves con los bustos de los padres de San Vicente, el notario Guillem Ferrer y su esposa Constanza Miquel.

Una cúpula con linterna y tambor precede al Altar Mayor. Bajo ella dos cuadros de Vicente Salvador Gómez (1637-1680) de 1665: El Milagro del anuncio de las naves cargadas de trigo a Barcelona y El compromiso de Caspe.

Las pinturas que adornan este lugar son obra de José Vergara, representan “La Imposición del hábito a San Vicente” y “El venerable Juan Micó orando ante el altar de la celda de San Vicente”. La estatuaria es obra del escultor José Puchol Rubio.

Se supone que después de construir esta capilla se construyó la nueva fachada del convento, a iniciativa y pagada por el rey de España Felipe II.

La entrada a la iglesia se realiza por la Plaza de Tetuán, en ella encontramos la portada del convento realizada a finales del siglo XVI en estilo renacentista y realizada en piedra jabalina. El autor de la portada es Francisco de Mora, arquitecto mayor del duque de Lerma y marqués de Denia que había sido virrey de Valencia.

Es una portada de las llamadas “portada retablo” y se divide en dos cuerpos horizontales. En el primer cuerpo se encuentra la puerta adintelada y sobre ella un enorme tímpano semicircular en el que podemos observar el escudo de la orden de los dominicos entre dos perros tenantes, animales emblemáticos de la orden. En su interior encontramos dos letras la “D” y la “F“, que quiere decir “Dominicanus fratres” (frailes dominicos).

A ambos lados de la puerta cuatro grandes columnas que se apoyan en un alto zócalo y que sostienen el segundo cuerpo de la portada. Entre cada par de estas columnas encontramos dos hornacinas superpuestas con las imágenes de Santo Tomás de Aquino y San Alberto Magno en un lado y San Raimundo de Peñafort y San Antonino de Florencia en el otro. Las imágenes son obra de Miguel Andrés.

El segundo cuerpo se remata por un frontón triangular en cuyo interior encontramos una paloma (símbolo del Espíritu Santo). En la parte inferior se alojan tres hornacinas que representan a Santo Domingo de Guzmán, San Vicente Ferrer y San Luís Bertrán, los tres con un libro en la mano izquierda. San Vicente Ferrer extiende el dedo índice de su mano derecha hacia el cielo y Santo Domingo de Guzmán en el centro está acompañado por un perro. A ambos lados de estas figuras encontramos dos escudos con las armas reales de los reinos hispánicos: Castilla Y León, Aragón, Navarra y Sicilia y Granada.

Litografía de A. Guesdon en 1858
               Litografía de A. Guesdon en 1858

En la parte exterior de la fachada en lo que sería el testero de la Capilla Real encontramos unos relieves en piedra donde se encuentran esculpidos los escudos de Aragón, Sicilia y el Santo Sepulcro.

El campanario, de planta cuadrada y estructura barroca, se comenzó en 1648. Entre 1654 y 1667 lo continuó fray Vicente Morales. Construido sobre la cubierta de la Capilla Real, consta de un primer cuerpo liso que finaliza en una balaustrada, un segundo cuerpo donde se alojan las campanas con dobles columnas pareadas de orden toscano en cada uno de sus cuatro lados y el último cuerpo que lo forma una terraza con balaustrada decorada con dieciséis pináculos sobre el que se alza un edículo.

El remate de la torre es de 1755, pero fué desmochada por las tropas francesas y restaurada en 1955. Los nombres de las campanas son: San Francisco de Asís (1935), San Vicente (1935), San Luís Bertrán (1991), María (1991) y San Andrés (1991).

Un elemento añadido que encontramos en la fachada es un balcón en lo que es el muro testero de la Capilla Real. Este balcón se corresponde con el primer piso de la sacristía de la citada capilla. Otro elemento es un panel de azulejos de reciente colocación, en el que se nos narra uno de los más conocidos milagros de San Vicente Ferrer.

Nada más atravesar la portada entramos en un pequeño claustro renacentista que a su vez nos da paso al interior de la iglesia.

Este pequeño claustro construido por el dominico fray Pedro Gómez entre 1639 y 1640 y se compone de ocho columnas de orden toscano sobre las que apean tres arcos de medio punto en los lados norte y oeste y un solo arco en los otros dos lados. Así mismo en el centro de este pequeño patio claustral encontramos una imagen de San Juan de Ribera y el brocal de un pozo.

En este pequeño claustro, patio o atrio, encontramos dos puertas, la situada al frente es la que da paso a la iglesia, mientras qua la situada a nuestra derecha da paso a la Capilla de los Reyes. Ambas puertas son góticas del siglo XV, aunque la que permite el acceso a la Capilla de los Reyes carece de ojiva.

Sobre la puerta que da acceso a la Capilla Real campean tres escudos, se tratan de los escudos de Nápoles (las barras, las cruces del Santo Sepulcro y las del duque de Calabría), Aragón (las cuatro barras), y Sicilia (las barras y las águilas de Sicilia) y representan a la Corona de Aragón, a Sicilia y a Jerusalén, títulos que ostentaban nuestros soberanos.

La portada de la iglesia es obra gótica de finales del siglo XV atribuida a Pere Compte. Se compone de una sencilla puerta formada por un arco apuntado y una puerta aditelada. En su tímpano encontramos una imagen de la Virgen del Rosario y a ambos lados sendas imágenes de Santo Domingo y Santa Catalina de Siena, estas de época posterior (siglo XVII). El arco apoya en dos ménsulas con la representación de dos ángeles, uno de ellos sostiene un papel en las manos mientras que el segundo toca un instrumento musical (bandolin). En la portada podemos observar el rastro de lo que fueron dos pináculos góticos ya desaparecidos.

Después de la invasión francesa, derribado el Palacio del Real de Valencia, y con la exclaustración de 1835, ocupó el edificio el ramo militar, estableciéndose la Capitanía General en 1840 , el Cuartel de infantería y el Parque de Artillería, ocupando los locales que correspondían al gran claustro gótico y Sala Capitular. Como almacén de armamento quedaron por espacio de buen número de años, hasta que, en el año 1975, se inició la restauración, librando de molestos aditamentos colocados en el transcurso de los tiempos la Sala Capitular y el magnifico claustro, volviendo a mostrarse espléndida la grandiosidad y belleza de tan magnifico monumento histórico y artístico de Valencia.

El uso actual de esta construcción a excepción de la iglesia que ha quedado como parroquia castrense, es la de Sede del Cuartel General de Maniobra. A la derecha de la portada de entrada al convento podemos ver el gran edificio de estilo neoclásico que fué durante muchos años Capitanía General de Valencia.

Por último tal vez sea necesario hacer hincapié en la enorme suerte que ha tenido el edificio al ser convertido en su momento en Cuartel Militar, ya que si bien es cierto que durante mucho tiempo el convento sufrió los inconvenientes de tal circunstancia como fácilmente es de adivinar, sería a partir de ser nombrado Capitán General de Valencia el general Urrutia cuando, percatándose de la gran importancia que el monasterio tuvo en su momento, dió orden de iniciar obras de restauración y rehabilitación que otros capitanes generales han continuado con enorme acierto. Baste decir que el general Urrutia tiene dedicada una calle en su honor en la ciudad de Valencia y que en el claustro gótico encontramos un busto del mismo, como reconocimiento a su labor.

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