Desde aquí y siguiendo por la calle Guillem de Castro hacia la izquierda, nos dirigiremos hacia la calle Játiva, donde veremos la Estación del Norte y la Plaza de Toros.

Plaza de Toros.

Declarada Monumento Histórico Artístico Nacional en 1983.

Las fiestas taurinas han gozado siempre de una gran acogida entre los valencianos, tanto los lances a caballo como el -más reciente- toreo a pie. Hasta el siglo XVIII los espectáculos tenían lugar en la Plaza del Mercado, si bien posteriormente se celebraron algunas corridas en la plaza de Santo Domingo. Con la construcción de la plaza de toros de la calle Játiva en 1850 se dotó a la ciudad de un coso estable y capaz para acoger la masiva asistencia de aficionados.

El origen de la plaza de toros en esta calle se remonta a 1788 cuando se construye en este lugar una plaza de madera, que fué destruida durante la Guerra de la Independencia.

Plaza de toros antes de derribar la muralla
      Plaza de toros antes de derribar la muralla

En su tiempo fue la más grande de España, con una cabida de 16.851 espectadores y un diámetro de ruedo de 52 metros. El diseño fue del arquitecto Sebastián Monleón Estellés, a iniciativa del gobernador de Valencia don Melchor Ordóñez. Como anécdota, si es que se puede decir así, la plaza de toros fué levantada por brigadas de presidiarios, comenzada en 1850 y terminada en 1859.

La fachada consta de una planta baja con arcos escarzanos y 3 pisos con arcos de medio punto. Toda su factura se basa en el ladrillo, pudiendo calificarse estilísticamente de neoclásica.

Si pasamos frente a ella podemos saber si hay o no corrida y la categoría de la misma, simplemente mirando a su balconada superior. Si las banderas ondean en todos sus mástiles, hay corrida de toros. Si lo hacen en mástiles alternos, de novillos, y si lo hacen en uno de cada tres, de becerros. Si no hay banderas la plaza esta cerrada.

La plaza de toros se presenta al espectador como un rotundo cilindro de ladrillo visto, con cuatro órdenes de arquerías, que recuerda el anfiteatro de Nimes y el Coliseo de Roma. Es probablemente el primer edificio de la ciudad que emplea hierro al descubierto, en concreto en las columnas que sujetan las galerías de la grada. En el momento de su construcción, el edificio tenía un aforo capaz para 16.800 espectadores, cifra en consonancia con la pasión que despertaba la “fiesta” entre sus contemporáneos, sólo comparable con la que provoca ahora el fútbol. Toreros como Frascuelo eran aclamados como ídolos populares y, al decir de las crónicas de la época, más de uno empeñaba hasta la ropa para verlo torear.

Con acceso desde el pasaje doctor Serra contiguo a la plaza, se halla el Museo Taurino.+

Plaza de toros en el recuerdo
                Plaza de toros en el recuerdo
Plaza de Toros a finales del S. XIX
               Plaza de Toros a finales del S. XIX