El Almudín fue el principal edificio o lonja destinado al almacenamiento, distribución y venta de trigo y otros granos de la ciudad de Valencia. Construido en el siglo XIV sobre el alcázar musulmán, fue ampliado durante los siglos XV y XVI, hasta adquirir el aspecto que hoy presenta.

No fue sin embargo el único y se conoce la existencia de uno de época musulmán cercano a la mezquita y de otros edificios posteriores ya de época cristiana pero de carácter provisional, que también se dedicaron a la custodia del trigo. En la actualidad, el edificio, convertido en espacio museístico, acoge la obra de artistas de primera magnitud.

El propio nombre de Almudín deriva de la palabra de origen árabe, almud, unidad de medida de granos que lo relaciona con una de sus funciones básicas. Su configuración actual, la adquirió a lo largo del siglo XV cuando se llevaron a cabo las principales obras, aunque partiendo de construcciones preexistentes. A lo largo de esta etapa, el Almudín era un edificio de propiedad real, L’Almodí del Senyor Rei y por tanto en su construcción participaron los más importantes maestros de obras de esta época, pasando a fines del siglo XV a ser gobernado por el Consell Municipal de la ciudad de Valencia, que custodió y organizó todo el proceso de abastecimiento del trigo en los siguientes siglos. Este proceso, sometido a una rígida reglamentación, con funcionarios públicos encargados de organizarlo, demuestra la importancia que tenía el Almudín en una ciudad carente muchas veces de este producto de primera necesidad, que precisaba de constantes importaciones para asegurar el abastecimiento.

Se trata de un edificio de planta cuadrangular irregular, con una zona central ancha y alta separada de las laterales por arcadas.

Ambos espacios están cubiertos por una techumbre de madera, con tejado a dos aguas sobresaliente en el centro y cubierta inclinada para los laterales. En su origen y dada la importancia del edificio, tuvo un aspecto fortificado con almenas y un camino de ronda para su defensa. Tenía dos accesos principales, uno por la calle del Almudín que sólo conserva el arco de entrada y un porche por la plaza de San Luís Bertrán recientemente redescubierto que se organiza con el sistema de arco entre dinteles, tres arcos de piedra sobre pilares separados por uno espacios rectos. Sobre cada uno de los arcos encontramos el escudo con los palos de Aragón.

El Almudín en el recuerdo
                    El Almudín en el recuerdo

Su configuración formal y los materiales empleados denotaban su origen medieval, con paredes realizadas de albañilería, siguiendo la técnica de la tapia valenciana, esquinas de sillares de piedra, arcos de potente cantería en el interior y en los pórticos de acceso y carpintería en los sistemas de cubiertas.

Esta configuración fue fruto de sucesivas intervenciones que contribuyeron a la imagen definitiva del edificio. Las obras se iniciaron en 1417 por los maestros de obras del Palacio Real de Valencia, Guillem Just y Miquel Navarro, quienes se encargaron de realizar el frente y los primeros arcos que recaen a la calle del Almudín. Estas obras iniciales supusieron la realización de una edificio aún provisional que realmente se termina de construir en 1455 cuando de nuevo se decide su ampliación y obras definitivas, esta vez a cargo del importante maestro perteneciente también al entorno real, el cantero Francesc Baldonar quien construye el resto de los arcos del interior y el porche que daba a la calle del Almudín, actualmente desaparecido.

Las soluciones constructivas que emplea responden a la práctica que entonces caracteriza la arquitectura valenciana en la que el corte de la piedra alcanza un alto grado de perfección técnica como se puede observar en los llamados arcos en esquina y rincón del fondo, y en otros dos arcos situados en la diagonal cercana al porche con interesantes molduras geométricas y vegetales. También de esta época era la techumbre de madera principal del espacio interno, hoy totalmente remodelada tras la última restauración.

Estas obras le proporcionarían una imagen que se puede parangonar con las basílicas romanas, con amplia nave central más ancha y más alta cubierta con madera y naves laterales menores, y cuya función está relacionada con la administración de una ciudad, en este caso de un bien de vital importancia como era el trigo.

Con el tiempo se fueron produciendo algunas reformas que modificaron la forma original. En 1571 se colocó un nuevo pavimento con el escudo de la ciudad, a partir de 1609 y a lo largo del siglo XVII se realizarón unas pinturas al temple que decoran tres de los muros en el interior, relacionadas con la entrada de trigo, con los patrones de los gremios presentes en el funcionamiento del Almudín y otros aspectos sociales y religiosos, en el siglo XIX se eliminaría el porche que daba a la calle del Almudín y se cegaría el de la plaza de San Luís Beltrán, se producirían reformas en las cubiertas de madera y la eliminación del alero original o se abrirían nuevas ventanas con rejas. En 1908, el Almudín pasó a ser sede del Museo Paleontológico, en 1969 fue declarado Monumento Nacional y en 1996 se terminó la restauración con objeto de convertir este edificio en espacio museístico.

La restauración del Almudín ha obtenido el Premio Europa Nostra

Fue depósito de granos desde su reconstrucción parcial en el año 1517 hasta 1906. En las paredes todavía se conservan inscripciones y pinturas de distintos siglos. Actualmente esta dedicado a Sala Municipal de Exposiciones.

Edificio levantado por los Jurados de la Ciudad para el almacenamiento y control de la venta de trigo. Originalmente data del 1307, si bien será ya en 1517 cuando sufrirá una profunda remodelación. Planta basilical con tres naves, la central más alta que las laterales. Tras su remodelación aparecen las almenas, que evidencian su custodia fortificada ante motines, y unos arcos en serliana de muy bella factura. Aquí el Mustaçaf controlaba los pesos y medidas, si bien el cargo de éste fue desde 1372 desempeñado en la Llongeta (esquina de la iglesia de Santa Catalina).

La plaza de San Luís Beltrán es uno de los rincones más bellos de la ciudad, un espacio recoleto que tiene un especial encanto por la noche, cuando, en el silencio, resuena el fluir del agua de su fuente. La pila está coronada por una escultura en bronce de San Luís Beltrán, cuya casa natalicia se levanta a pocos metros. También recae a la plaza el palacio de los Escrivá, del siglo XV, aunque muy remodelado en el XVIII: destaca de él su puerta gótica, con arco de ojiva y tímpano en el que se inscribe un escudo de piedra labrada.

A la izquierda de la plaza se abre la portada del Almudín, con un porche levantado en la primera mitad del siglo XVI. El Almudín se construyó sobre el alcázar musulmán a principios del siglo XIV como lugar de almacenaje y venta de trigo. En origen tendría unas dimensiones más reducidas y se fue ampliando a lo largo de los siglos XV y XVI hasta adquirir el aspecto que hoy tiene. El primitivo edificio tendría un patio central a cielo abierto y fue a principios del siglo XVII cuando se incorporó la cubierta, dándole la imagen de planta basilical que tiene en la actualidad.

Si accede al interior podrá contemplar pinturas murales de carácter popular alusivas a la entrada de trigo en la ciudad -históricamente una de las mayores preocupaciones de sus gobernantes-, así como representaciones de los santos patrones de los gremios que operaban en el comercio del grano.

Fachada principal del almudín
                  Fachada principal del almudín
Interior del almudín
                            Interior del almudín