Al finalizar el paseo de Neptuno con sus típicos y acreditados establecimientos hoteleros y ya adentrándonos en la playa de la malvarrosa, subsiste todavía el balneario de las Arenas, con dos pabellones con apariencia de templos helénicos por sus pórticos de columnas.

Balneario de las Arenas

Edificación, en un principio un tanto aislada, que venía a construir una zona de esparcimiento único en esta variedad por la variedad de sus instalaciones y la diversidad de atracciones.

Era el verano de 1888 cuando se inauguró las Arenas-Baños de ola y no extrañaba esta denominación, puesto que el introducirse el bañista entre las olas del mar era algo novedoso en nuestro litoral, ya que estaba generalizado el bañarse en recipientes más o menos adecuados: desde el típico barreño de alfarería valenciana que se encontraba “en las barraquetas de baños” hasta las tinas, hoy habituales bañeras de los cuartos de baño.

La idea de montar en la playa de la malvarrosa un balneario al estilo de los que ya se tenía noticia existían en Francia (por ejem. Biarriz), como algunos del Norte de España, nació de una tertulia del casino de la Agricultura, que entonces se hallaba instalado en el palacio del conde de Mirasol en la plaza de este nombre (hoy desaparecida) y en la que también se hallaba el colegio de Hermanos Maristas.

Entrada al pabellón con el pabellón lacustre al fondo
Entrada al pabellón con el pabellón lacustre al fondo

Entre los contertulios figuraba Antonio Zarranz, quien ante el tema que se estaba debatiendo sobre la posible instalación de un establecimiento semejante en nuestras playas, prometió llevar a cabo el proyecto si alguien le ayudaba.

Entre el entusiasmo momentáneo surgieron efectivamente algunos compañeros, pero que fueron desanimándose en la empresa quedando tan solo D. Antonio Zarranz.

Pero su tesón le impulso a llevar adelante el proyecto y así surgió en un principio “Las Arenas” como un amplio pabellón de madera y una valla de tablones que lo cercaban por ambos lados, teniendo acceso por la entonces rudimentaria fachada principal que daba a lo que hoy es el paseo de Neptuno y la posterior a pocos metros del mar.

Pronto fueron las arenas un atrayente para los baños de ola por la mañana, mientras que por la tarde se celebraban conciertos por una banda en el templete del jardín a los que acudía la elegancia valenciana. En aquellas tardes especialmente jueves y domingos, era normal ver aparcados junto a las tapias y alrededores del  balneario abundantes coches de lujo.

coches aparcados en las tapias
               coches aparcados en las tapias

Aquellos “baños de ola” eran la novedad para muchos bañistas, parecía que poco menos iban ya a un concurso de natación. Los trajes de baño a tono con la largura de la época, resultaban también quizás excesivamente púdicos para quienes no se bañaban y querían beneficiarse del aire del mar. Para broncear sus rostros, disponían de unos extraños asientos de mimbre, cuyo respaldo se elevaba considerablemente formando una especie de techumbre para preservar de los rayos solares; eran los vulgarmente conocidos con el valenciano nombre de pamerots.

Hacia medidos del S. XX, el primitivo balneario fue cambiando totalmente su original fisonomía, puesto que se construyeron dos edificios importantes para los baños calientes de agua de mar, de vapor y de algas; duchas, vestuarios, salones para banquetes y restaurantes. Arquitectura que quiere recordar de alguna forma la estructura del partenón.

Pabellón sobre el mar
                                Pabellón sobre el mar

En 1934 fue inaugurada la piscina, y al parecer fue la primera de Europa que tuvo agua del mar u agua dulce; y con tal motivo se celebraban competiciones, verbenas, y cenas de gala.

Mucho llamo la atención cuando se construyó el pabellón lacustre en forma de cruz introducido en las aguas del mar rematado por una airosa y elegante cúpula de madera destinado a servir a los comensales que preferían disfrutar del bello panorama que ofrecían las aguas circundantes del litoral.

Que El pabellón era desmontable y así cuando se acababa la temporada veraniega, se quitaba dejando solamente los pivotes, pero con el paso del tiempo se fue deteriorando y a mediados de los años cuarenta, dejaron de instalarse.

Tanto las arenas como las termas victoria, tenían carácter de balneario, por ello los médicos no pagaban, tan solo tenían que mostrar un carnet profesional. Par los demás el precio de la entrada costaba 25 cts en 1910.

piscina
                                   piscina

Uno de los pabellones  la piscina fueron destruidos parcialmente en 1937 por un bombardeo durante la guerra civil. Así pues durante los años siguientes, Las Arenas fue un lugar atractivo para baños y de entretenimiento. Con la entrada, se podía estar hasta la una de la madrugada, y solo se tenía que pagar el alquiler de las mesas; las sillas eran gratis; mientras que las hamacas se alquilaban; hasta las seis de la tarde se podía patinar, a partir de esa hora se podía bailar en la misma pista hasta las 20:00, ya que a partir de las nueve, se proyectaban dos largas películas que duraban hasta la una.

 

Hoy de aquello poco queda, el acotado a desparecido, las costumbre de la gente han variado y el moderno paseo ha dado otra fisonomía totalmente a aquellas arenas de ayer. Muchas cosas aquí mencionadas, solo perduran en el recuerdo y en postales.

Gente tomando el baño por la mañana
          Gente tomando el baño por la mañana